Envejecer forma parte de la vida. Con el paso de los años cambian nuestras necesidades, nuestras prioridades y, en algunos casos, también los apoyos que necesitamos para desenvolvernos en el día a día. Las personas con discapacidad intelectual y del desarrollo (DID) también envejecen y tienen derecho a hacerlo en las mejores condiciones posibles, manteniendo su autonomía, participando en las decisiones que les afectan y disfrutando de una vida plena.
Durante mucho tiempo, el envejecimiento de las personas con DID ha recibido menos atención de la necesaria. Sin embargo, el aumento de su esperanza de vida hace imprescindible adaptar los apoyos y servicios a las diferentes etapas de la vida.
Además, el proceso de envejecimiento puede comenzar antes que en la población general. En el caso de las personas con discapacidad intelectual o del desarrollo, los 45 años se utilizan como referencia para identificar el inicio de procesos asociados al envejecimiento. Plena Inclusión Madrid y la Universidad Autónoma de Madrid han desarrollado estudios específicos sobre esta etapa a partir de esta edad.
Un nuevo escenario: más años de vida
El aumento de la esperanza de vida de las personas con discapacidad intelectual y del desarrollo es uno de los grandes avances de las últimas décadas. Esto supone una buena noticia, pero también plantea nuevos retos para las familias, los servicios sociales, sanitarios y de apoyo.
Una persona con DID puede llegar a la vejez con necesidades diferentes a las que tenía durante su juventud o edad adulta. Pueden aparecer cambios relacionados con la salud, la movilidad, las relaciones sociales o la necesidad de determinados apoyos.
Por eso, es importante entender el envejecimiento como una etapa más del ciclo vital y no como una ruptura con la vida anterior. Las personas deben poder seguir desarrollando sus proyectos, manteniendo sus relaciones y tomando decisiones sobre su día a día.
Precisamente, el envejecimiento de las personas con DID requiere una mirada centrada en la persona, que permita anticiparse a los cambios y adaptar los apoyos a sus necesidades. Desde Plena Inclusión Madrid señalan, entre otros aspectos, la necesidad de planificar los apoyos futuros y de flexibilizar y personalizar los recursos.
Cuidar la salud durante el envejecimiento
El cuidado de la salud adquiere una especial importancia a medida que cumplimos años. En el caso de las personas con DID, es fundamental que puedan acceder a una atención sanitaria adecuada, comprensible y adaptada a sus necesidades.
Las revisiones médicas, la prevención y la detección temprana de posibles problemas de salud son herramientas esenciales para favorecer un envejecimiento saludable. Para ello, la información debe ofrecerse de manera accesible y los profesionales deben comunicarse directamente con la persona, respetando su capacidad para participar en las decisiones sobre su salud.
También es importante prestar atención a cambios que puedan pasar desapercibidos. En ocasiones, determinadas necesidades o problemas de salud pueden manifestarse de forma diferente, por lo que conocer a la persona y observar su evolución resulta especialmente relevante.
Cuidar la salud no consiste únicamente en atender las enfermedades. También implica promover hábitos saludables, actividad física, bienestar emocional, descanso, alimentación equilibrada y oportunidades para disfrutar del tiempo libre.
Mantener la autonomía y la capacidad de decidir
Uno de los principales retos al envejecer es evitar que la necesidad de nuevos apoyos se traduzca en una pérdida innecesaria de autonomía.
Necesitar ayuda para realizar determinadas actividades no significa dejar de tener capacidad para decidir. Una persona puede necesitar apoyo para gestionar una cita médica, desplazarse a un lugar o comprender determinada información y, al mismo tiempo, seguir teniendo mucho que decir sobre cómo quiere organizar su vida.
Por eso, los apoyos deben adaptarse a cada persona y ofrecerse desde el respeto a sus preferencias. Decidir dónde vivir, con quién relacionarse, cómo ocupar el tiempo libre o qué actividades realizar son aspectos importantes para mantener el control sobre la propia vida.
El objetivo no debe ser hacer las cosas por la persona, sino facilitar que pueda hacerlas por sí misma siempre que sea posible y acompañarla cuando necesite ayuda. Este principio está recogido en la Convención sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad de Naciones Unidas, que reconoce el derecho a vivir de forma independiente y a participar en la comunidad.
Seguir teniendo una vida activa y significativa
Envejecer no significa dejar de participar en la comunidad. Las personas con DID tienen derecho a continuar realizando actividades que les interesen, mantener sus amistades y relaciones familiares y descubrir nuevas aficiones.
La participación social es especialmente importante porque las redes de apoyo pueden reducirse con el paso del tiempo. La jubilación, los cambios en el entorno familiar o la pérdida de algunas personas cercanas pueden modificar las relaciones y rutinas habituales.
Por este motivo, es necesario crear oportunidades para que las personas mayores con DID sigan participando en su entorno y puedan establecer nuevas relaciones. Ir a actividades culturales, practicar deporte, salir con amistades, participar en asociaciones, aprender cosas nuevas o simplemente decidir cómo disfrutar del tiempo libre son también formas de cuidar el bienestar y la calidad de vida.
El derecho a elegir dónde y cómo vivir
El lugar donde vivimos tiene un impacto directo en nuestra autonomía y bienestar. Las personas con DID deben poder participar en las decisiones relacionadas con su vivienda y contar con alternativas que se adapten a sus preferencias y necesidades.
En algunos casos, puede ser necesario aumentar los apoyos en el hogar. En otros, puede ser adecuada una vivienda con apoyos o un recurso residencial. Lo importante es que las decisiones no se tomen únicamente en función de las necesidades de cuidados, sino teniendo también en cuenta los deseos, preferencias y proyecto de vida de cada persona.
La edad no debería ser una razón para decidir por alguien dónde debe vivir. Los apoyos deben evolucionar para que la persona pueda continuar desarrollando su vida con la mayor autonomía posible.
Una sociedad preparada para todas las etapas de la vida
Garantizar un envejecimiento digno para las personas con DID requiere adaptar los recursos y servicios a una realidad que está cambiando.
Los profesionales necesitan formación específica sobre envejecimiento y discapacidad intelectual. Los servicios sanitarios y sociales deben ser accesibles y coordinados. Y las familias necesitan información y apoyos para acompañar este proceso sin sustituir la voluntad de la persona.
Pero, sobre todo, es necesario cambiar la mirada. Las personas con DID no dejan de ser adultas porque envejezcan ni deben ser tratadas como si fueran niñas. Tienen una historia, unos gustos, unas relaciones, unas preferencias y un proyecto de vida que debe seguir siendo respetado.
El papel de Fundación Amanecer
Desde Fundación Amanecer trabajamos para que las personas con discapacidad intelectual y del desarrollo puedan desarrollar su proyecto de vida en todas sus etapas, también durante el envejecimiento.
Desde hace varios años, Fundación Amanecer participa en el proyecto de envejecimiento de Plena Inclusión Madrid, financiado con cargo al 0,7% del IRPF. Esta financiación permite desarrollar programas y actuaciones dirigidos a mejorar la calidad de vida y los apoyos de las personas con discapacidad intelectual o del desarrollo que envejecen.
Dentro de este proyecto, en Amanecer desarrollamos un programa específico de mantenimiento de funciones físicas y motrices, adaptado a las necesidades de las personas participantes. Su objetivo es contribuir a mantener la movilidad, las capacidades físicas y funcionales y favorecer la autonomía durante el mayor tiempo posible. El programa se desarrolla durante tres meses al año y cuenta con personal en prácticas, que participa en las actividades junto a las personas usuarias.
Además, Fundación Amanecer forma parte del Grupo de Trabajo de Buena Vejez de Plena Inclusión Madrid, junto con profesionales de otras entidades. Este espacio permite compartir experiencias, conocimientos y buenas prácticas y trabajar conjuntamente para adaptar los apoyos a las personas con DID que envejecen.
La colaboración entre entidades y profesionales es fundamental para seguir avanzando hacia modelos de atención que tengan en cuenta las necesidades que pueden aparecer durante esta etapa y que, al mismo tiempo, respeten la autonomía y el proyecto de vida de cada persona.
El envejecimiento no debería suponer renunciar a la participación, a la autonomía ni a las relaciones. Con los apoyos adecuados, las personas con DID pueden seguir tomando decisiones, disfrutando de sus actividades y formando parte activa de su comunidad.
